Luis Téllez-Tejeda, el maestro que hizo de la literatura infantil un lugar de asombro
Un narrador que transformó las palabras en puertas a la imaginación, acercando a generaciones de niños al placer de leer y descubrir el mundo a través de historias llenas de magia y curiosidad.

La literatura infantil y juvenil en México despide a una de esas voces que no solo escribían libros: también abrían puertas, despertaban preguntas y acompañaban a nuevas generaciones de lectores a mirar el mundo con más curiosidad.
Luis Téllez-Tejeda, también conocido como Pávido Návido, falleció el 11 de marzo de 2026 a los 43 años, según confirmaron distintas instancias culturales vinculadas a la UNAM.
Hablar de Luis Téllez-Tejeda es hablar de un escritor, profesor de literatura infantil, guionista y promotor cultural que dedicó buena parte de su vida a investigar, potenciar y difundir los libros para niños y niñas. Durante más de quince años trabajó alrededor de la creación, la enseñanza y la mediación lectora, combinando la escritura con cursos, talleres y colaboraciones en múltiples espacios culturales.
Nacido en Naucalpan en 1983, estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su trayectoria fue amplia y generosa: fue poeta, cronista, editor y guionista; impartió talleres de creación literaria y colaboró activamente en proyectos de fomento lector, especialmente enfocados en la infancia y la juventud.
Su obra transitó entre la poesía, la literatura infantil y la divulgación cultural. Publicó títulos como Media tarde, Busca otro amor. Poemas norteños y de ruptura, Soñar tu insomnio. Caja de costura y Coctel de frutas; en literatura infantil destacan Morinia, ciudad de la memoria y El botón de Prudencio. Más recientemente, la Revista de la Universidad lo presentaba también como autor de Sopa de verduras y Quise.
Bajo el seudónimo de Pávido Návido construyó una voz singular, profundamente ligada a la cultura popular, a la poesía y a una forma muy viva de entender la literatura. Su perfil no se limitó a la escritura: participó en iniciativas de promoción lectora, colaboró en publicaciones culturales y desarrolló contenidos dirigidos a públicos infantiles, incluyendo guiones para televisión.

Recordar a Luis Téllez-Tejeda es recordar a un maestro que entendió que escribir para niños y niñas exige profundidad, juego, inteligencia y ternura. A alguien que hizo de la lectura una invitación a mirar más allá de lo evidente. Y a una voz que, aunque hoy nos falte, seguirá resonando allí donde un libro abra una pregunta, una imagen o una emoción nueva en la imaginación de un lector joven.
Descansa en paz, Luis Téllez-Tejeda. Gracias por defender la literatura como asombro, como encuentro y como semilla.
